¿Qué tan cerca estamos de conectar el cerebro a internet?

La serie de Netflix Black Mirror lo predijo en 2017. En el segundo capítulo de la cuarta temporada una madre lleva a su hija a un lugar para que le implanten un chip en la cabeza que le permita monitorear absolutamente todo lo que hace, que esté conectada las 24 horas del día a una tableta para vigilarla. Tener su control.

Esta semana en una entrevista al diario El País de España, el neurocientífico Rafael Yuste y el director de Investigación de la compañía IBM Darío Gil afirmaron que en aproximadamente diez años podríamos tener conexiones mentales directas a máquinas en usos comerciales. Como si la ficción fuera superada por la realidad.

“Vamos a conectar el cerebro a sistemas de computación externos. No es solo qué va a pasar con la inteligencia artificial o con la computación cuántica o con el mundo de cálculos precisos, sino qué va a pasar con la combinación de todo ello”, dijo Gil.

Ante este panorama, ¿es posible que en el futuro el cerebro se conecte a internet? ¿Será con dispositivos implantados en el órgano más complejo del ser humano? ¿Para qué servirá todo esto?

¿Qué tan cerca estamos de conectar el cerebro a internet?

Ya hay avances

Elon Musk en 2016 fundó su empresa Neuralink que se especializa en el desarrollo de interfaces cerebro-computadora. El año pasado, el mismo Musk fue el encargado de revelar los avances que han logrado en estas primeras etapas de estudio: en el cerebro de una cerda implantaron un chip del tamaño de una moneda durante dos meses, que está conectado a través de bluetooth con una computadora. El dispositivo registra señales de un área del cerebro vinculada al hocico del animal y cuando la cerda toca cosas, una serie de ruidos indican cuándo se disparan más neuronas. “Como pueden ver vemos una cerda feliz y saludable”, dijo.

Esto es lo que Musk pretende llevar a otro nivel: que se implante en cerebros humanos para curar enfermedades como el alzhéimer, por ejemplo.

Antonio Dieguez, profesor de la Universidad de Málaga, explica que conectar el cerebro a internet o máquinas tecnológicamente sí es posible, lo que está pendiente por descubrir es la versatilidad y potencia de esa conexión, así como la aceptación que tendría. Es decir, si sería minoritaria o de una amplia acogida.

Agrega que la inteligencia artificial jugaría un papel fundamental en estos procesos: es la que permite desarrollar los algoritmos que traducen el funcionamiento de las neuronas. Todo esto estaría mediado por un ordenador. En estos desarrollos tecnológicos se verán procesos basados en nanotecnología (microchips) en las que se pueda incluir las células más pequeñas del cuerpo.

“El gran desafío es el desarrollo de un software adecuado que traduzca en tiempo real la información que envía el cerebro, el funcionamiento de las neuronas y lo que eso significa en contenidos mentales que un ordenador pueda a su vez traducir”.